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Cromos

Pocas cosas tan deprimentes como esa melancolía del domingo que muere. A esta hora parecen caer una a una las desazones de todas las semanas (la que se va y la que entra) y los sueños inconclusos golpean tan duro como pueden. Una de mis tías llega al extremo de tener miedo de morir un domingo en soledad y que nadie la encuentre (ahí nacieron, me imagino, los encuentros familiares de domingo, conocidos en tantas geografías).
En verdad, son días tediosos de principio a fin. Comienzan invariablemente con música llanera a todo volumen (o en su defecto, cualquier otra folcloridad de estos tiempos de «mirar hacia adentro»). La patria despierta en el alma dominguera, que además le da por acompañar el joropo a viva voz –alma de gente que, estoy casi segura, jamás ha montado un caballo ni sería capaz de acercarse a una vaca–.
Definitivamente, el domingo nos vuelve mansos. No sé por qué, esa soledad de domingo nos insta a hacer cosas penosas, como llamar a alguien que no quiere saber nada de ti, y como sucede que a otros les pasa lo mismo, lo más seguro es que recibas una llamada exactamente de quien menos te interesa en este mundo. Y termines, pretendiendo exorcizar el tedio de domingo, en una tasca de Chacao con un electricista que te ofrece sexo a ritmo de vallenato, mientras repasas mentalmente todas las conexiones rotas de tu casa y lo que te ahorrarías con semejante trato. Pero la libido tiene sus propias reglas, y puede irse al piso con solo pensar en terminar con vallenato un día que empezó con joropo. Los ritmos patrios, parece, no son afrodisíacos.
Así descubrí que fue en domingo cuando alguien inventó aquella frase de que los hombres son como los teléfonos públicos caraqueños: los que sirven están ocupados y además tienen colas esperándolos. Sin darme cuenta, comienzo a tararear como si fuera la primera vez: «Am I just too picky?».
Y en medio de tanta mansedumbre concluyo que después de todo los domingos son siempre así, como si sobre el vestido le hubieran cosido mil parches y no importara ya la tarde que pasa sin pena ni gloria.
Por Fanny Díaz
Ilustraciones generadas con IA de Canva.com
⌛️ Cromos no vino solo





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