
Si me preguntas en qué ando en estos días, te diría que estoy tratando de poner en orden una cotidianidad cargada de sensaciones «fuereñas». Me siento muy movida por cosas que a ratos parecen sensaciones, más que experiencias. Todo a mi alrededor se mueve, quizás porque vivimos tiempos desaforados. Tiempos en que la expresión «un choque de trenes» se convierte en una realidad cercana.
Como siempre, las palabras le dan forma a mis días, a los viajes al trabajo, al commuting (esa palabra inglesa que no tiene un equivalente exacto en español), a los mensajes sin sentido con un amor del pasado, a las dudas y a las pertenencias. Desde que leí la palabra fuereño en una novela ecuatoriana, se me quedó grabada. Tiene una cadencia familiar y a la vez extraña. La primera vez que la escuchas reconoces la raíz, aunque la palabra misma te sea desconocida. Es la belleza de tener una lengua madre viva, aunque a ratos se sienta fuereña.
Cuando uno lleva mucho tiempo siendo o sintiéndose extranjero, algo profundo se mueve en su identidad personal. Primero, la conciencia viva de que ninguna pertenencia puede contenernos por completo, de que nada absoluto es humano. «Somos muchos para ser uno». Comienzas a sentir que puedes moverte con cierta libertad entre fronteras. Soy ante todo un ser humano. No importa de dónde venga, ni adónde vaya.
Otra palabra desconocida para mí hasta ahora era mentidero. La vida es un mentidero. Vamos siempre criticando al otro, hablando del otro, rechazando o abrazando al otro, como si no formáramos parte de un mismo universo, como si todos no estuviéramos de alguna forma vinculados.
Nunca había escuchado hablar de los mentideros. Me sentí ignorante de una historia que también me pertenece como parte de la cultura hispana. Y es entonces cuando reconoces que la lengua da forma a tu manera de estar en el mundo. «Golpe a golpe, verso a verso».
Una vida fragmentada. Una vida de retazos. Pero también una vida de conexiones, o quizás de retazos conectados. Retazos remendados por abuelas que enarbolan una aguja como arma, que han construido lazos puntada a puntada, sin más propósito que el de seguir cosiendo.
Y así vamos, construyendo una vida con palabras, lugares y pertenencias que no siempre parecen encajar.
Por Fanny Díaz
Ilustraciones: collages digitales creados con Canva.com





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