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Sobre lo intrascendente

Sueños en familia

Sueños en familia

“Soñar no cuesta nada” solemos decir. Algunas veces para darnos ánimos y seguir; otras, con cierto desprecio por quienes ocupan su tiempo en una actividad sin aparentes ganancias. Personalmente, desconfío de quienes parecen no tener sueños, aquellos que creen que en la vida hay que ser “práctico” y dedicar el tiempo a cosas tangibles. O quienes son tan comedidos para tomar “riesgos” que ni siquiera se atreven a soñar.

Voy por la vida soñando, planeando, haciendo realidad algunos sueños, fallando, soñando… Y en eso estaba en la sala de la biblioteca en español cuando entró aquel curioso lector. No hay nada como ver el mundo desde una mesa llena de libros, que de paso es un sueño en sí mismo. Siempre que visito una biblioteca no puedo evitar preguntarme qué impulsa a cierta gente, especialmente en este siglo XXI digital, a pasarse horas esculcando estantes para encontrar un relato que les “diga algo”. ¿Un relato que les haga soñar?   

Cada mes aquel hombre regresa al centro del país para buscar libros en español. Atraviesa Israel desde el norte –no que sea un gran trecho en términos reales, pero sí lo es para un país donde la gente prefiere las distancias cortas– solo para rebuscar entre los libros en una lengua que apenas empieza a penetrar. Intuyo que no es como otros usuarios porque se sienta a escuchar el ir y venir de gente hablando español, saboreando cada palabra, aunque luego mire sus libros con cierto desaliento, como si nunca fuera a ser capaz de lograr entender cada frase. Intento que hable español conmigo pero no le salen las palabras. “Ya vendrán”, dice. Ya vendrán cuándo, pienso. Él adivina mi pensamiento y contesta: “Cuando vayamos a Madrid. Mi hijo quiere ser futbolista. Iremos allí con él”.

Me cuenta que siempre quiso estudiar español, y mira, quién lo hubiera dicho, aquí está, tratando de aprender una lengua para irse tras el sueño de otro. Dejarán la casa, la familia, el pequeño pueblo donde todo es conocido para seguir un sueño que parece ajeno. Pero no lo es. El sueño del hijo se ha convertido en el sueño de todos.

¿Es el sino de los padres? Traspasar los sueños propios a los hijos, o comenzar a vivir de manera vicaria el sueño ajeno, o con más frecuencia, dejar atrás los sueños y adoptar los de los hijos como propios. Supongo que es un acto de altruismo mayor que quienes no tenemos hijos jamás llegaremos a comprender.

De todas formas, dice el lector, no importa si vas tras los sueños de alguien más. Lo importante es nunca dejar de soñar. No sé cómo se puede vivir sin sueños. 

Estoy de acuerdo, aunque nunca llegue a conocer ese desprendimiento de vivir para hacer posible los sueños de alguien más. Y de pronto entiendo que el sueño es la necesidad mayor, la más inaplazable, el tejido del que debería estar hecho el día a día, y no lo que sobra cuando ya la marea se ha llevado la vida.

Alguna vez escuché a alguien decir –o, para ser más exacta, recriminar– que quienes tienen sueños es porque nunca han sufrido carencias. Carencias reales, urgentes. En ese momento la soñadora que soy pensó que seguramente tenía razón, que nunca he tenido una vida de auténtica carencia, que mal o bien casi siempre he podido salir adelante. Con el paso del tiempo he aprendido que quizá más bien nunca he permitido que la carencia me robe los sueños. O que, precisamente, los sueños me han salvado. ¿Quién sabe?

Es verdad que en ciertas épocas de mi vida los sueños me han abandonado, pero tan pronto me doy cuenta acometo la acción para lograr alguno, por más pequeño que sea, como alguien que se aferra a un salvavidas en medio de una tormenta. Porque creo que eso es lo que son los sueños: subterfugios para mantenernos a flote en esta cosa revuelta que llamamos cotidianidad.

Entretanto, mi lector de español sale cargado de libros hasta el próximo mes. 

Por Fanny Díaz

4 comentarios el “Sueños en familia

  1. usoa
    octubre 1, 2021

    Es muy bonito lo que has escrito, “los sueños como tejido del día”.
    Un saludo!

    • Fanny Díaz
      octubre 2, 2021

      Usoa: ¡Qué halago que te guste mi texto! Y qué inspirador. ¡Gracias por la visita!

  2. Oswaldo Salvat Garcia
    octubre 9, 2021

    Bella e impecable escritura sobre una historia conmovedora, reveladora y universal. En tanto que yo soy de los que hace mucho tiempo dejé de soñar, si es que alguna vez lo hice. Seguro que aciertas cuando dices que eso es de personas que no han sentido carencias. Lo que puedo decir es que yo vivo en un sueño del que no quiero despertar. Me encanta tanto la vida, la disfruto tanto! Podrá sonar arrogante, o ingenuo o loco. Por eso es que no sueño. No espero nada nuevo. Lo que hay, y lo que hay que asimilar, digerir y transitar en la vida; en las relaciones diarias, trabajo, aseo, comida, entretenimiento….es tanto que me desborda. Pero todo es bello y maravilloso porque forma parte de este milagro que llamamos universo, y que tuvimos la indescriptible bendición y fortuna de experimentar. Con el plus de tener conciencia de lo que está sucediendo cada segundo en nuestra existencia con cada latido de nuestro corazón. Cada latido es el milagro. Pero todo este estado de conciencia hay que tomárselo light, lo contrario es entrar en estados de éxtasis continuos que no tienen lugar en una rutina diaria normal, exceptuando, digo yo en un templo o monasterio.Así que esa dinámica la reservo para una vez al día en mi paseo nocturno con el perrito. Hay que drenar de nuestro ser, hay que sentir y eso hace llorar. Drenar. Llorar de felicidad, de risa, de rabia, de dolor, de éxtasis. Encontrar lo que nos emociona. Y emocionarnos y sentir en profundidad, Sentir en nuestra mente y en nuestros órganos y sangre. Así que entre el pienso o siento, y existo. Está la indisoluble simultaneidad de pensar y sentir. Disculpa nenita por dejarme llevar y escribir todo ésto. Pero ahora no lo voy a borrar. Te quiero mucho. Parliamo pronto. Besitos. Bye.

    • Fanny Díaz
      octubre 9, 2021

      Una vez más, gracias por tus palabras, querido Oswaldo. Has llegado a un nivel al que muy pocas personas pueden llegar. Para mí, es un sueño. Quizás la mayoría no podemos apreciar lo que tenemos, que es el verdadero origen de la felicidad. Abrazos. ¡Hablemos!

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Esta entrada fue publicada en septiembre 30, 2021 por en Cotidianidad y etiquetada con , , , .

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