A Caracas, la amada
Si no estuvieran ahí, jamás me arriesgaría a regresar a casa después de las nueve de la noche. Sin ellos, además de oscura, la calle estaría desierta. En cambio, puedo estar confiada porque están ahí, noche tras noche. Algunas veces con más bulla que otras. Muchas, ciertamente con más invitados de los que sería deseable. Sí, bueno, después de todo no ocurre siempre. La mayoría de las veces están dos o tres hablando de cualquier cosa en una esquina, más allá cuatro o cinco, o alguna parejita. Algunos viernes, es verdad, se les va la mano con el techno y el jeep estacionado en la acera. Pero con más frecuencia están por ahí, alrededor de nada en especial. Están por ahí. Esto es. Sin ellos mi vida terminaría al caer la tarde. Se me ocurre que se trata de algún servicio especial para transeúntes nocturnos. Una campaña de la municipalidad para que los solitarios comunes podamos regresar a casa confiadamente, protegidos por patrullas de vecinos adolescentes que se divierten mientras hacen su trabajo. Sí, admito que pudieran quitar las cornetas de la acera para que sus protegidos circulemos mejor, pero hasta ahora siempre he podido transitar y creo que alguna vez incluso se han apartado para darme paso. Todo está dispensado. Con ellos ahí puedo regresar a casa confiada. Los he nombrado mis ángeles guardianes.
Por Fanny Díaz
Imagen generada con IA de Canva.com
5. ¡Oh noche que guiaste!,
¡oh noche amable más que el alborada!,
¡oh noche que juntaste
amado con amada,
amada en el amado transformada!
San Juan de la Cruz





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