Fannydades 2.1

Sobre la belleza de lo intrascendente

Agarra mínimo. Una versión siglo XXI del slow movement

Con calma

Te levantas, quizás un poco tarde para todo lo que tienes que hacer, te arreglas a la velocidad del rayo, te atragantas un café como desayuno, te metes en el tráfico y cuando por fin llegas a tu destino, te dispones a sentarte al menos ocho horas a hacer un trabajo que no te dice mucho, en el mejor de los casos, o que simplemente haces porque “no queda otra”. Como almuerzo, cualquier cosa fácil frente a la pantalla, luego ya veremos. Y al día siguiente igual, y al mes siguiente, y al año siguiente. Y así la vida.

En las últimas décadas, a medida que esta vida de noria se extiende, han surgido también focos de resistencia. Llamémoslos movimientos, tribus, “ismos” o ganas de llevar la contraria; el punto común es el deseo o la necesidad de bajar el ritmo. No de volver a una vida simple, que la mayoría nunca conocimos, sino de reinventar la que tenemos. Minimalismo, veganismo, anticonsumismo, espiritualismo, emprendimientismo (¿se llamará así un movimiento que promueva el emprendimiento como estilo de vida?), últimamente el esencialismo (no confundir con la escuela filosófica) son algunos de los “ismos” que más suenan.

Pueden parecer modas, y quizás lo sean, pero también podrían ser eso que en esencia intentan ser: gritos de auxilio y a la vez salvavidas que la contemporaneidad se lanza a sí misma.

Alguna gente llega a estos luego de perder a alguien querido, o quedar desempleado, o sobrevivir una enfermedad grave. O sufrir un burnout. De pronto siente que hay un resquicio de libertad en dejar ir: acumular menos, malgastar menos, contaminar menos, en otras palabras, ser más responsable de sí mismo y de su entorno. Sería deseable no esperar la alarma, pero somos humanos.

Me gusta pensar que todos ellos son ramificaciones de ese intento mayor, de ya mucho aliento, que es el slow movement, conocido en español como movimiento por la calma o movimiento lento e incluso movimiento slow. Porque me gusta el slow down, o como diríamos por ahí: bájale dos. Agarra mínimo. Tómatelo con más calma que no vamos a ningún lado. Nadie saldrá vivo de aquí, aunque lo estemos intentando… aceleradamente.

Movimiento por la calma en Israel

AmitNoyfeld_libroTeníamos que escribir una historia de la manera en que hemos ido acelerando el día a día para entender cómo y qué podemos hacer. En Israel Amit Noyfeld se encargó de la tarea. Historia de la rapidez: guía filosófica y práctica para reducir la velocidad se titula su libro. No es un homenaje a la vida pastoral ni un tratado de nostalgia. Es más bien una disección de cómo el ritmo de la vida cotidiana se ha ido acelerando desde el siglo XVI, y además una guía de cómo podríamos cambiar algunas cosas antes de que la noria acabe con el más mínimo disfrute.

Amit Noyfeld no pretende ser original ni volver a un hipotético jardín del Edén. Se acerca al tema desde su perspectiva y experiencia personal, que están ubicadas en un aquí y ahora: Israel en el mundo globalizado del siglo XXI. Es el mismo slow movement creado en Italia por Carlo Petrini en 1986, solo que expandido a diferentes aspectos de la cotidianidad. Y además renovado para este siglo. Eso es lo verdaderamente fascinante del libro. Su misión principal es instarnos a bajar el ritmo para disfrutar la vida. Disfrute, palabra clave aquí.

Podríamos decir que Amit Noyfeld es nuestro reinventor israelí del slow movement local. Leat, leat… Lentamente, que buena falta nos hace.

El libro aborda seis pilares en los que podríamos intervenir individual y familiarmente para bajar el ritmo, y con esto, el estrés, la presión diaria y el daño ambiental. Comida, trabajo, necesidades, diseño, medicina y ocio, en particular viajes y turismo, son diseccionados a lo largo de capítulos especialmente dedicados a cada tema.

Algunas de las sugerencias son comer carne solo una vez a la semana, comprar en mercados locales en lugar de las grandes cadenas, consumir menos comida congelada y apoyar el comercio local. Sobre el tema del turismo irresponsable, que acaba con ciudades, contamina e irrespeta usanzas regionales, insta a asumir una actitud de disfrute responsable, viajar a destinos no turísticos o visitarlos sin prisa y además hacer turismo local, así como preferir el intercambio de casas en lugar de alquilar o llegar a hoteles (me hubiera gustado saber su opinión sobre el modelo airbnb, acusado de distorsionar el negocio inmobiliario, pero será en otra ocasión).

En ese cambio de actitud aparece la conexión con estilos de vida como el veganismo y el minimalismo, aunque Amit Noyfeld no promueve acciones radicales, como tampoco lo hace el movimiento por la calma “original”. El veganismo es un paso radical que solo podía aparecer en la más extrema era en la que vivimos. Sobre el minimalismo, Noyfeld narra su recorrido desde ser una suerte de coleccionista de muebles vintage hasta la reducción consciente de sus pertenencias, incluyendo vestuario, electrodomésticos y por supuesto muebles.

Como balance final, podríamos decir que la idea es que seamos amables con el entorno, con nosotros mismos y con los demás. Después de todo, el movimiento por la calma es una corriente ecologista, y como tal se basa en el supuesto de que la acción individual puede incidir en el colectivo. Hoy más que nunca el planeta le está dando razón a quienes varias décadas atrás decidieron crear un movimiento para desacelerar.

Habrá gente a la que todo este discurso de corresponsabilidad y conservación no le dice nada, o le parece un cuento. Todo ese asunto ambiental está por probarse, dirán. Hay cosas más urgentes. Siempre hay algo más urgente. O quizás les parezca que la tarea le toca a otros. O que mientras no cambiemos todos, no vale la pena hacer nada como individuo. Alguna vez escuché a un hombre, que hasta entonces me había parecido inteligente y responsable, decir que a él no le interesaba ahorrar agua, porque evidentemente el momento en que esta desapareciera estaba todavía lejos y para entonces él no estaría por aquí.

Son los hoy llamamos negadores, los que no creen que el trabajo individual puede influir en el desastre colectivo. No te asustes, no intento convertirte al moderneo ni mucho menos dármelas de adultescente progre. No pretendo salvar el planeta, pero me siento responsable de mí misma y de mis acciones y quiero que estas sean, en la medida de lo posible, respetuosas de los demás. Siento empatía por los animales que sufren, por eso no como carne, ni siquiera una vez a la semana. Quiero vivir una vida esencial.

Quizás soy simplemente una hipster. Es muy posible: me gustan las tribus. O quizás solo quiero sentir que he intentado remendar el mundo. Dejarlo un poco mejor de lo que lo encontré. Vamos a tomárnoslo con calma.

Fanny Díaz

 

Información adicional

Sitio web del autor
slow.org.il/

Conferencia del autor (en hebreo)
creativemornings.com/talks/amit-noyfeld/1

Manifiesto del slowwork
www.slowworkmanifesto.org/es

4 comentarios el “Agarra mínimo. Una versión siglo XXI del slow movement

  1. Oswaldo Salvat Garcia
    febrero 29, 2020

    ¡Maravillosa Fanny! ¡Qué inteligente, lúcida y útil esta publicación! La escritura, como siempre, impecable. ¡Eres magnífica!

    • Fanny Díaz
      marzo 1, 2020

      Oswaldo Salvat, gracias por tu generoso comentario. Estoy sonrojada :-) ¡Qué magnífica visita la tuya! Me alegra mucho que consideres pertinente esta publicación.

  2. Sabina Duque
    marzo 1, 2020

    Tema muy interesante, urgente y ameno.
    Tuve la sensación de haberlo escrito yo. No por lo bien escrito, sino porque estoy comprometida voluntariamente con la mayoría de su contenido.
    Gracias Fanny.👏👏👏❤

    • Fanny Díaz
      marzo 2, 2020

      Gracias por la visita y por tus palabras, Sabina. Significan mucho para mí. Me alegra saber que estás “comprometida voluntariamente” con dejar el mundo mejor de lo que lo encontraste. Probablemente el texto lo escribiste tú sin darte cuenta ;-)

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Esta entrada fue publicada en febrero 29, 2020 por en Lecturas y etiquetada con , , , , , , , , , , .
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