Fannydades 2.1

Sobre la belleza de lo intrascendente

Vecindarios abandonados

Mensajeenunabotella_FannydadesÉrase una vez un vecindario llamado GeoCities donde la gente solía hospedar lo que entonces era conocido como “páginas personales”. Hoy no quedan ni siquiera sus ruinas, excepto por un recodo en Japón y algunas imágenes de sus horribles diseños.

Alguna vez casi todos merodeamos un lugar donde podía inventarse una vida nueva llamada Second Life. Poco a poco la gente fue abandonándolo para migrar a un nuevo vecindario llamado Facebook, donde podían inventarse tantas vidas como quisieran, y Second Life se convirtió en un lugar de culto, sólo para verdaderos iniciados.

El cuento podría seguir casi ad infinitum. Desde que internet se masificó en los años noventa, millones de sitios han prosperado y muerto. Son lo que el artista griego Andreas Angelidakis llama “ruinas de páginas web”. Y, como él mismo vaticina, algún día, quizás en un futuro no muy distante, Facebook también será una ruina.

Ciertamente, ese día no está muy lejano. Me uní a Facebook en 2008, a instancias de un niño, entonces de ocho años. Hoy él apenas aparece por su muro para mandarle mensajes de cumpleaños a sus amigos. Un misterio para mí. ¿Por qué los adolescentes siguen felicitándose por esa vía? Dice que sólo “los mayores” o los niños usan Facebook, que ya no vale la pena. Pero hay que tener un perfil ahí, me aconseja. Yo le creo y le hago caso, porque de redes sociales seguro que sabe más que yo.

Alguna vez, cuando pasaba la vida en IRC, soñé con un día en que alguien que no tuviera presencia en la red fuera visto con recelo. Ese día llegó con las redes sociales en general y Facebook en particular. Desde hace algún tiempo anda por ahí un video que intenta ironizar con este fenómeno. Una muchacha conoce a su hombre perfecto, pero la relación se torna en una pesadilla porque él no puede ser rastreado de ninguna manera: no es un usuario de redes sociales. La pretendida profundidad de este video me pareció más bien una vulgar moralina, porque creo que, efectivamente, hay que estar en alguna red social.

Huir de las redes sociales puede parecer antisistema, hipster y hasta chic. Compartir la vida y milagros es, qué duda cabe, una pérdida de tiempo y cuando menos una agresión a los límites ajenos. Ya totalmente fuera de lugar. Compartir información, puntos de vista y además estar en contacto con otros en un mundo de migrantes es la verdadera mutación (¿misión?) de las redes sociales. Paradojas de estos tiempos, una buena manera de proteger la privacidad es tener un perfil donde hacer público que no tenemos nada que esconder.

Quizás algún día las redes sociales sean, más que ruinas, un archivo de historias. Apenas un mensaje en una botella para el futuro. Mientras tanto, levedad debería ser el password.

Fanny Díaz
Imagen:
Pinterest

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Esta entrada fue publicada en noviembre 6, 2017 por en Cotidianidad y etiquetada con , , , , , , , .

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