Fannydades 2.1

Escritos Ciudad Levedades

Diario de caminos

Optimismo_FannydadesHay gente que parece haber nacido en constante porfía con el mundo. Si alguien preguntara el porqué, no recibiría una respuesta razonable, porque no la hay. Sin importar el contexto personal ni el entorno, el centro de esta historia es siempre una mezcla de pesimismo disfrazado de realismo y excesiva autoconciencia.

Soy una de esas personas. Desde que tengo lo que en Venezuela llamamos uso de razón, casi nunca he conocido otro estado que la perenne insatisfacción, conmigo misma y con el entorno. Que estaba “poseída por el descontento” fue el dictamen de mi abuela. Sabia, ella estaba segura de que para eso no había cura, que cuando mucho la voz podría acallarse un rato, cuando una contentura –siempre efímera– superara lo otro, pero no sería fácil ni frecuente. Había que aprender a lidiar con eso, concluyó y aconsejó. De lo contrario, sería simplemente una muchacha enfurruñada.

Puesto que no se trata de una escogencia sino de una marca de fábrica, quien debe vivir con ese descontento tiene al menos dos opciones. O lo abraza como una manera de andar por la vida, y le da sentido al transformarlo en un camino para encontrar su lugar en el mundo, o se torna en un amargueta hipercrítico, tóxico, como dicen ahora. Desde que me di cuenta de esto, tomé la primera opción, aunque no pueda decir que siempre he tenido éxito.

Creo que dar rienda suelta a la necesidad de ir más allá de lo obvio es la mejor vía para quien no se encuentra a gusto con “lo que hay”. Así podrá transformar su descontento en inconformismo creativo. Sentirá que, aunque a ratos parezca rayar en lo ingenuo, está en sus manos mejorar lo que no le gusta. Con el tiempo y algunos logros, esto se convierte además en una manera de hacer frente al pesimismo, porque uno comienza a entender que siempre tiene una elección. A ese chispazo lo considero mi versión personal de felicidad.

Porque, lo he ido descubriendo a lo largo de mucho ensayo y error, ser feliz es una manera de percibir el mundo que luego se vuelve una manera de vivir. No es un estado de eterna gracia, sino una cadena de contenturas, efímeras sí, que hacen más llevadera la vida. Quien sabe que al menor descuido volverá el pesimismo y la sensación de vacío, se mantiene alerta en la aventura. Convierte su descontento en un camino hacia sí mismo. Y en eso sigo. Como Yentl, siempre quiero más.

Fanny Díaz

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Esta entrada fue publicada en septiembre 15, 2016 por en Diarios y etiquetada con , , , .
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