Fannydades 2.1

Escritos Ciudad Levedades

Diario de la pared

RolandRamirez-4RPA ratos, se me hace que la vida es un continuum de paredes; algunas se levantan, otras caen. No siempre separan. Como Carmen sobre el amor, pienso que las paredes se yerguen por sí mismas; las evitas, ellas te persiguen, y desaparecen cuando más quisieras que estuvieran allí. Las paredes, figuradas o reales, me hacen pensar que del otro lado siempre hay alguien, y donde hay alguien hay historias, y donde hay historias alguna puede tocarte.

Vivo en un lugar en el que la vida de mi vecina se cuela en la mía sin censura. Puedo escuchar la cacofonía del videojuego por las tardes, la risa fácil de quien parece tenerlo casi todo, el grito israelí ante la mínima eventualidad, el llanto por razones desconocidas. Percibo mis propios ruidos por medio del otro. Imagino cómo se escucha mi vida a través de la pared.

Lo más inquietante del otro lado de la pared es el llanto de mi vecina, desbordado como el de una niña a la que aún sus padres no se han atrevido a ignorar en medio de una pataleta en un lugar público. Por alguna razón había pensado que las mujeres israelíes no eran proclives al llanto porque, en mi lógica seudoccidental, habrían descubierto el poder del grito.

Mi vecina me ha probado que sabe dominar ambos, o al menos, que las israelíes no son muy distintas a otras mujeres. Han ido al ejército, han tenido que dormir con un arma, han obedecido y mandado oficialmente, pero siguen siendo mujeres. Al fin y al cabo, grito y llanto también son armas. Hasta donde sé, en todas partes se dice que “los hombres no lloran”. Ocurre a veces que una pared se transforma en puente.

Fanny Díaz
Ilustración: Roland Ramírez

Journal of the wall

RolandRamirez1At times, I find that life is a continuum of walls; some rise, others fall. Not always separate. As Carmen says about love, I think walls stand on their own; avoid them, they chase you, and then they disappear when you most want them to be there. Walls, figurative or real, make me think that on the other side there is always someone, and where there is someone there are stories, and where there are stories at least one could touch you.

I live in a place where my neighbor’s life sneaks into mine uncensored. I can hear the cacophony of videogames in the afternoon, the easy laugh of someone who seems to have almost everything, the Israeli yell at the slightest cause, and cries for unknown reasons. I perceive my own sounds through the other. I imagine how my life is listened to and heard through the wall.

What disturbs me most from the other side of the wall is my neighbor’s cry, overflowing like that of a child whose parents still do not dare to ignore him in the midst of a tantrum in a public place. For some reason I had thought Israeli women were not prone to crying, because, in my pseudo-westernized logic, they had discovered the power of yelling.

My neighbor has proven to me that she knows how to master both of them, or at least that Israeli women are not very different from other women. They have gone to the army, have had to sleep with a gun, and have obeyed and ordered officially, but they are still women. After all, shouting and crying are also weapons. As far as I know, it is said everywhere that “men do not cry.” It sometimes happens that a wall becomes a bridge.

Fanny Díaz
English version: LynleyShimat Lys
Image: Roland Ramírez

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Esta entrada fue publicada en mayo 12, 2015 por en Diarios y etiquetada con , , , , .
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