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Escritos Ciudad Levedades

Todo pasa y todo queda, como dice el poeta

Con el matrimonio de Carrie Bradshaw y Mr. Big toda una gama de modelos femeninos llegó a su fin. No sólo las mujeres que pensaban que podían tener sexo como los hombres –es decir, sin involucrar lo emocional–, sino por fortuna también las que para olvidar a un viejo amante debían buscarse uno nuevo. Desaparecieron además las mujeres obsesionadas por subir la escalera corporativa, que después de casarse no tenían tiempo para ambos roles, por lo que o renunciaban al trabajo, o se dedicaban a demostrar que seguían siendo “las mismas”: dejaban de percibirse como mujeres, se ponían gordas y terminaban por someter a sus maridos a severos regímenes de celibato. Pero antes aclaremos algo: no estoy diciendo que desaparecieron en el sentido literal del término, sino que al menos desapareció su validación mediática, que no es poco.

Por su edad, las cuatro amigas neoyorquinas habían vivido su adolescencia durante los años ochenta, cuando la vida todavía era una fiesta hasta que el sida vino a aguárnosla. Maduramos escuchando las inagotables aventuras ‘pioneras’ de nuestras tías y amigas mayores, algunas de las cuales incluso habían vivido en comunas hippies y recorrido la India en bicicleta. En la universidad el discurso entonces de ‘vanguardia’ no cesaba de repetir lo patético que era ser sólo esposa, no importa si quien lo decía era una feliz madre, y de cómo la prioridad de una mujer ‘de estos tiempos’ debía ser convertirse en una profesional de primera fila. La historia fue igual en muchos lados. Luego de décadas de ascenso solapado, por fin las mujeres podíamos ser frontales, y nuestra generación vivía aquel privilegio. Sin embargo, muchos años después ahí estaban aquellas cuatro mujeres reunidas cada domingo para discutir un tema que ningún diploma ha podido desplazar: los hombres.

A las mujeres nos encanta hablar de hombres: disfrazado de aventuras, de reto o de sueños con el príncipe azul, no importa, lo masculino es el tema femenino por excelencia. Lo extraño era que en el caso de estas mujeres daba la impresión de que sus vidas giraban alrededor de los hombres, lo cual no es malo en sí mismo, sino que a ratos parecía inconcebible haber nadado tanto para morir en la orilla. Pero algo había cambiado: en lugar de ser el objeto de deseo, ellas se habían convertido en sujeto.

Cuando ya estábamos consiguiendo que los hombres se quedaran en casa y que gracias al sida y al vph cambiaran ciertas conductas aparentemente atávicas, las cuatro amigas celebraban que ahora fueran las mujeres quienes pudieran hacer lo mismo. Nada nuevo, lo particular era que aquello se convirtiera en tema, que se develara ante el mundo algo que las mujeres habíamos tratado de ocultar durante las últimas décadas: que los hombres seguían siendo el centro, que no habíamos inventado un nuevo camino, sino que a modo de revancha nos conformábamos con adaptar uno bastante transitado.

Ataviadas en sandalias kilométricas que costaban fortunas, y que sólo podían combinar con todavía más caros trajes de marca, aquellas mujeres lograron convencer al mundo de que su estilo de vida era la faz de una época. Pero la realidad tuvo la última palabra.

En un momento necesitado de puntos medios y acercamientos, el estilo de vida un tanto extremo que preconizaba el cuarteto de amigas dejó de ser un modelo a seguir. Ya no se ven tacones infinitos en las calles de Manhattan. Este nuevo aquí y ahora exige contacto con el suelo, dejar de mirarse el ombligo y tomar conciencia del peso de cada discurso (que al fin y al cabo es lo que son todos nuestros actos). Al parecer, es hora de que las mujeres realmente encontremos nuevos caminos, y mejor si es en compañía.

Fanny Díaz

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2 comentarios el “Todo pasa y todo queda, como dice el poeta

  1. Gastón Segura
    agosto 19, 2011

    Hola, Fanny, gracias por invitarme a visitar y leer tu sutiles meditaciones sobre el paso poroso del tiempo por nuestras vidas. Por supuesto, te pondré entre ese grupo de amigos, y avísame siempre que pongas una nueva anotación.
    Besos

    • Fanny Díaz
      agosto 20, 2011

      Hola Gastón: es un honor que hayas visitado mi blog. Soy una de tus fans. Por supuesto, te mantendré informada. De nuevo, gracias por tu visita.

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Esta entrada fue publicada en agosto 17, 2011 por en Uncategorized y etiquetada con , , , .
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