
En este camino escarpado, realmente oscuro y solitario, me daba cuenta de que la única salida era hacer algo brillante. Me habían criado con amor, pero siempre me había sentido sola.
…Alguna vez, sin falta, todos iremos dispersándonos en la oscuridad del tiempo y desapareceremos.
Voy andando con el aire de haber aprendido todo esto con mi propio cuerpo (…)
Banana Yoshimoto, Kitchen
Un día
Creo que en el fondo envidio a quienes van por la vida sin arrepentirse de nada, esos que al preguntársele qué cambiarían de su vida dicen que absolutamente nada, que si tuvieran la oportunidad de repetir, lo harían todo exactamente igual. Yo en cambio me paso la vida rediseñando mentalmente mi vida. No hay manera; cuando se me va la mano, las conclusiones sobre mi “administración personal” pueden llegar a ser catastróficas. Con frecuencia me sorprendo en la búsqueda de la equivocación original, solo para descubrir que la vida es una gran fatalidad cuando no tienes la voluntad de decir “No rien de rien, no je ne regret rien”. En verdad es eso lo que envidio, no la aparentemente vida perfecta de otros sino su caradura para decir que si algo no puede cambiarse, para qué preocuparse.
Entonces, porque mi estado “natural” es la autoconciencia, mi sueño es “dejarme ir”. Parar de corregir a los otros y a mí misma y encontrar, como deseaba Ezra Pound, un trabajo donde no tenga que usar mi cabeza todo el tiempo.
Otro día
¿Que nada puede ir peor? Los sabios dicen que no hay que quejarse de nimiedades, que el Amo del Mundo no descansa. Que tiene una hashgajá particular para cada quien. Y si te quejas de su trabajo te dará razones verdaderas para la queja. Porque solo la luz remienda el mundo.
Uno debería simpatizar con la alegría, la belleza, el color de la vida –cuanto menos se hable de los dolores de la vida, mejor.
Oscar Wilde
Por Fanny Díaz





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