
El año que acaba de terminar fue un año de ver de frente lo efímero de la existencia, de vivir al borde durante semanas de bombardeos, de mirar la destrucción a los ojos. A mi alrededor, muchas personas perdieron a seres queridos y numerosas vidas jóvenes quedaron truncadas. Y aun así, elegimos honrar la vida y sostener la fe en que todo irá bien.
En lugar de aventurarme a escribir un balance grandilocuente de fin de año, decidí tomarme el tiempo para dejar reposar los aprendizajes. No los grandes hitos, sino esas pequeñas lecciones que la vida va dejando y que, sin hacer ruido, terminan sosteniendo el recorrido. Algunos aprendizajes no llegan a tiempo para el calendario: llegan cuando uno está listo para nombrarlos.
A veces creemos que todo debe contener los fuegos artificiales de las grandes metas de principios de año. Sentimos el fracaso y la lentitud del propio camino mientras a nuestro alrededor todo parece avanzar a la velocidad de «los tiempos que corren». ¿Y si no estoy fallando por ir lento, sino por esperar que solo lo extraordinario cuente?
Aprendo que las pequeñas alegrías son las que dan la fuerza para continuar el viaje. Que la vida no está hecha solo de grandes momentos, aunque también los hay y hay que celebrarlos, sino de pasos aparentemente insignificantes que, sin que lo notemos, van haciendo el camino.
Aprendo también que la Resistencia puede vencerse si miro cada acción no solo como un paso hacia algo, sino como un fin en sí mismo.
Esto también lo veo en la escritura y en la creación. Cada vez que termino una tarea, que pulo un texto, que aprieto el botón de publicar, siento una forma de claridad y de alegría que no viene de la espera, sino de la acción.
He aprendido a pensar mis pendientes no como una lista de tareas, sino como una lista de acciones. Pasos pequeños que, sumados, hacen obra.
Cambiar nunca es fácil. A veces, un falso sentido de lealtad nos mantiene atados a personas y situaciones que ya no nos sirven. Aprendo a darle prioridad a la lealtad a mí misma.
Anoche escuché a mi vecina dar gracias por todo lo que tiene en voz alta –tan alta, que pude escucharla– por todo lo que tiene. Pensé entonces que agradecer es siempre un buen comienzo y un mejor cierre.
Qué bueno fuiste, 2025.
Por Fanny Díaz
15 de junio, 1936
He tenido pensamientos muy extraños últimamente. Me gustaría ser escritora. Por ahora, solo me río de mí misma; no tengo ni idea de si tengo talento. Me ha inspirado el éxito de Bella Durant –a todos les gusta–. Pero aun así, no creo que escriba obras de teatro. Prefiero escribir novelas.
Hannah Senesh (1921-1944)
Ilustraciones generadas con IA de canva.com





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