Guabineos, guabinadas, fannydades.com

Nos deja saber el diccionario que la guabina es un pez de cuerpo mucilaginoso, es decir, recubierto de una sustancia viscosa llamada mucílago, que lo hace resbaloso, difícil de atrapar con las manos (esto último lo deduzco yo).

En Venezuela –ahora sé que también en Cuba y otros países del Caribe–, ‘guabina’ se usa como adjetivo para nombrar a personas que nunca parecen tener una posición clara ante nada, o que evaden a toda costa comprometerse. Ya sea una idea, un plan, un punto de vista, el guabina o guabinoso siempre sabe encontrar la distancia que lo separa de ser inequívocamente algo. Siquiera por corto tiempo.

«Es un o una guabina» se dice de alguien que no toma partido, ni aun cuando se intenta presionarlo. De hecho, no dejarse presionar es uno de sus mayores trofeos. Guabinoso, guabineo, guabinear. El sustantivo original se adapta a diferentes funciones. También guabinea.

Para evadir los compromisos, el guabina va por la vida enarbolando el déjalo ser o cualquier otra honorable excusa, como la libertad o el respeto. Su logro más preciado es haber llegado hasta aquí sin que se le «etiquete», la peor ofensa que podría cometerse contra un guabina, porque este ha hecho del escabullirse su mayor talento. El guabineo también incluye comenzar cosas y no terminarlas o prometer y no cumplir, porque el guabina no asume responsabilidades. Cualquier obligación es una carga que le impediría nadar a sus anchas. Y se ve que al guabina le gusta nadar, aunque solo sea en la orilla.

El DLE registra la palabra ‘guabina’ como un coloquialismo despectivo, pero más recientemente, en su acepción de persona «hábil para salir airosa de cualquier situación», usada en Puerto Rico y Venezuela, según la Academia Dominicana de la Lengua «la locución subió de categoría». Supongo que el vivo criollo es básicamente un guabina. Probablemente la mayoría de nuestros políticos podrían definirse como guabinas por su habilidad para salirse con la suya, quise decir salir airosos en (casi) cualquier situación. Y cómo nadan…

Pero no hay que confundirse. Aunque le gustan los cambios de agua, el guabina o guabinoso no es un veleta, ese ser inconstante que cambia de opinión con el viento que más le convenga, pero que al mismo tiempo suele ser claro en sus efímeras posiciones. Algunas veces demasiado claro para el tiempo que duran. Esa es su mayor diferencia del guabina, que nunca se casa con una posición, así sea por un instante, porque con frecuencia el guabineo le viene de su militancia con la no militancia. Hay algo que los une, sin embargo: tanto el guabina como el veleta son nulos en el campo de las ideas. La neutralidad deliberada del guabina y la provisionalidad del veleta son muestra de la ligereza irresponsable con la que ambos se toman las ideas. Lo peor es que han hecho que un rasgo de dudoso valor se torne en virtud.

Del veleta hablaremos en otra ocasión. Por ahora, el guabina sigue escabulléndose, intentando salirse con la suya, hasta que abre la boca y descubrimos que parte del guabineo le viene de su vacuidad. Y aunque se escabulla de las manos, puede atraparse con anzuelo. Tanto nadá pa’ morí en la orilla…

Por Fanny Díaz

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