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Una felicidad efímera que viene de no se sabe dónde, del olor a café en la mañana de invierno, de un gato que se cobija sin tener más nada que hacer, de la sospechosa libertad del solitario. ¿Qué importa? Al fin y al cabo es apenas un segundo.

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“Fabricar belleza”, encontrar belleza, como una inclinación del ánimo más que una experiencia estética, es ciertamente una disciplina del espíritu que también invita a la razón. Razón no es una mala palabra. Alguna vez nos hizo más libres.

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Por Fanny Díaz

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