Fannydades 2.1

Escritos Ciudad Levedades

Así lo encontré…

Mi amigo repite una a una las palabras, impresionado hasta el éxtasis por entenderlas todas. Aunque no es fácil llevar el ritmo de la emoción de alguien que empieza a encontrar sentido en las frases de un idioma ajeno, más difícil aún es adentrarse en la maraña de preguntas que aparecen cuando sirves de cicerone a alguien decidido a “penetrar la idiosincrasia”. Y por si fuera poco, definitivamente hay épocas más espinosas que otras. Para cerrar el año suenan en todas partes las canciones “de siempre”, pero a mi amigo le llama la atención sólo la del hombre que no olvida el año viejo porque le dejó cosas muy buenas: le dejó una chiva, una burra negra, una yegua blanca y una buena suegra.

Se queda lelo, ensimismado, escuchando una y otra vez lo de la chiva y la yegua y el burro… y la suegra. Entendiendo las palabras sin entender el sentido. Su mirada inquisitiva anuncia una nueva ronda de preguntas. Creo que no quiere decir nada ¿sabes? Puro ritmo caribeño, una excusa para bailar. Pero no hay nada que hacer, el alma antropológica del visitante necesita desentrañar lo que se esconde tras las frases. Busca aunque sea una pista que le permita empezar a moverse en esta extraña sociedad capaz de convertir una peluda herencia del año viejo en un estribillo intemporal, algo que “defina” a este pueblo. Bien, para comenzar, esa canción no es venezolana. En verdad no sé de dónde es. Se escucha cada año desde que me acuerdo, “desde que yo soy yo”, que es como decir desde siempre (o al menos eso le parece a uno).

Sí, tengo que admitir que es notable que la suegra sea buena; hay que subrayarlo, acota mi amigo. Se dice que cada lengua refleja el pueblo que la habla. En ruso, por ejemplo, hay una decena de palabras para “tortura”, o sin ir muy lejos, repitamos el archiconocido ejemplo de los tantos tipos de nieve que los esquimales son capaces de nombrar. Pero en el caso de esta ganancia de año viejo, me doy por vencida. Diría que hay cosas que son “patrimonio cultural”, sin más. Algo que estaba ahí cuando uno llegó y que se da por sentado sin preguntas.

Uno puede adentrarse en lo del negrito fullero porque le gusta la guachafita, incluso podría medio entender lo de aquel otro negrito que el trabajo se lo deja sólo al buey porque el trabajar lo hizo Dios como castigo y hasta me atrevería a intentar explicar aquella extraña frase  –tan individualista ella– de “yo por mi parte deseo” del cumpleaños feliz venezolano. Sin embargo, lo de la chiva y la yegua y el burro… y la suegra metida en la misma lista es demasiado para mí, más ahora, que los animales están en los zoológicos y muy raramente en la “vida real”.

Aunque pensándolo bien, en verdad siempre me ha parecido curioso que alguien incluya a la suegra junto con los animalitos, de particular color todos ellos, que el año le dejó. Uno no se imagina lo que el hombre haría para que el año le dejara tal ganancia (intuimos que jugosa, en estos predios más urbanos). No hay una indicación de lo que hará con tal botín, de dónde vino ni adónde va, apenas un regodearse en el asunto. Tal como lo haría cualquiera si le tocara.

Creo que hay cosas de la manera de estar en el mundo que no tienen explicación. Por qué esto cala en el ánimo colectivo y aquello no, por qué nos movemos de una manera y no de otra, por qué hablamos así o asá… los estudiosos podrán devanarse los sesos, pero probablemente nunca podremos penetrar hasta allí el alma de un pueblo. Hay cosas que están ahí porque sí. Mas, si no las dejas pasar, si logras verlas con los ojos de quien descubre un nuevo mundo cada día, habrás encontrado un privilegio que todos deberíamos poder conservar para siempre (la felicidad de estar alerta a lo que tenemos alrededor sin darlo nunca por sentado). Descubro que me gusta la mirada del visitante inquisitivo, aunque por esta vez no me atraigan sus porqués, y me sorprendo con el deseo de vivir los días como un gran descubrimiento. Mientras tanto, mi amigo tendrá que conformarse con la vana explicación de lo inexplicable: “Somos así”, no hay manera de gozar la rumba si no bailas, porque además, como dicen en el llano, “El que no aprende a bailar cuando le toca, después machaca”.

Año tras año, el hombre de la canción repite que no olvida el año viejo. Cada quien tendrá su razón personal para el recuerdo. Yo sólo aspiro a que el asombro nos siga acompañando, con una buena suegra o sin ella.

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2 comentarios el “Así lo encontré…

  1. ELIAS OLIVARE
    julio 1, 2012

    SIMPLEMENTE ERES GRANDE DONDE QUIERA QUE ESTES, ME SIENTO ORGULLOSO DE LO QUE HACES Y DE LO QUE ERES, DESDE NIÑO VI QUE LLEGARIAS LEJOS.
    SALUDOS
    ELIAS OLIVARES (EL NENE DE DINA)

    • Fanny Díaz
      julio 1, 2012

      Gracias mi querido Nené. Tú eres grande y generoso. Que Dios te bendiga.

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Esta entrada fue publicada en diciembre 9, 2010 por en Uncategorized y etiquetada con , .

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